Todos tenemos el general la costumbre de adelantarnos a los acontecimientos y sufrimos pensando que nos van a pasar cosas que en infinidad de ocasiones nunca suceden. Irónicamente, las cosas peores que pasan en la vida, a menudo, ni siquiera nos las planteamos.
Este vicio de anticipar el futuro y no poder permancer a la espera dejando simplemente que lo que tenga que pasar, pase, es muy antiguo.
De hecho, todos conocemos cuentos, fábulas, refranes que nos previenen contra este hábito y nos recuerdan que no anticipemos lo que no sabemos.

Pero entre todas la enseñanzas, para mi gusto, nadie lo cuenta mejor que Thomas d’Ansembourg en el cuento chino que os dejo hoy sacado de su libro “Deja de ser amable, sé autentico”.

Espero que os guste y que de alguna manera seais capaces de ponerlo en práctica en vuestro día a día.

CUENTO CHINO

Un pobre chino suscitaba la envidia de los más ricos del país, porque poseía un caballo blanco extraordinario. Cada vez que le ofrecían una fortuna por el animal, el anciano respondía: “Este caballo es para mí mucho más que un animal, es un amigo: no puedo venderlo”.

Un día, el caballo desapareció. Los vecinos, reunidos ante el establo vacío, dieron su opinión: “Pobre idiota, era previsible que te lo robaran. ¿Por qué no lo vendiste? ¡Qué desgracia!”. El campesino se mostró más circunspecto: “No exageremos –dijo-. Digamos que el caballo ya no se encuentra en el establo. Es un hecho. Todo lo demás no son más que apreciaciones por vuestra parte. ¿Cómo saber si es una suerte o una desgracia? Sólo conocemos un fragmento de la historia. ¿Quién sabe lo que ocurrirá?

La gente se burló del anciano. Hacía ya mucho que le consideraban un simple. Quince días después, el caballo blanco volvió. No había sido robado, simplemene se había ido al campo y volvía de su escapada con una docena de caballos blancos. Los aldeanos se congregaron de nuevo:

  • Tenías razón, no era una desgracia, sino una bendición.
  • Yo no diría tanto- dijo el campesino-. Contentémonos con decir que el caballo blanco ha vuelto. ¿Cómo saber si es una suerte o una desgracia? No es más que un episodio. ¿Se puede acaso conocer el conenido de un libro leyendo una sola frase?

Los aldeanos se dispersaron, convencidos de que el anciano desvariaba. Recibir doce hermosos caballos era indudablemente un regalo del cielo. ¿quién podía negarlo? El hijo del campensino emprendió la doma de los caballos salvajes. Uno de ellos le tiró al suelo y le coceó. Los aldeanos acudieron una vez más a dar su opinión:

  • ¡Pobre amigo! Tenías razón, estos caballos salvajes no te han dado suerte: tu único hijo está lisiado. ¿quién te ayudará en tu vejez? Verdaderamente eres digno de compasión.
  • Veamos- contestó el campesino-, no vayáis tan deprisa. Mi hijo ha perdido el uso de las piernas, es es todo. ¿Quién puede decir lo que ello nos aportará? La vida se presenta en pequeños fragmentos, nadie puede predecir el futuro.

Algún tiempo después estalló la guerra, y todos los jóvenes del pueblo fueron alistados en el ejército, excepto el inváido.

  • Anciano- se lamentaron los aldeanos-, tenías razón. Tu hijo ya no puede andar, pero se queda a tu lado, mientras que nuestros hios van a que los maten.
  • Por favor- respondió el campesino-, no juzguéis con precipitación. Vuestros chicos están enrolados en el ejército, el mío se queda en casa; eso es todo lo que podemos decir. Sólo Dios sabe si es bueno o malo.
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